Lunes
El despertador suena a las siete de la mañana.
¡Qué asco madrugar!
Me levanto y me meto en la ducha sin ganar. Estoy agotada. No he
podido dormir pensando en Pedro. Cuando regreso a la habitación para vestirme,
fijo mi mirada en la lamparita. Me siento en la cama y, con añoranza, paso mis
dedos por el dibujo de sus labios y su nombre. Durante un buen rato me dedico a
mirarlo mientras pienso en él.
Finalmente me levanto de la cama. Tengo que ir a trabajar. Me visto y
agarro mi auto.
Cuando llego al trabajo, dejo la cartera sobre la mesa y siento que
alguien se acerca a mí por detrás. Es mi compi, Carlos.
-
Buenos días, preciosa.
-
Buenos días.
Al ver mi desgana, se aproxima todavía más y me observa.
-
Vaya… – murmura –. ¿Iceman te hizo trabajar más de
la cuenta? Tu pinta es horrible.
Su comentario me reactiva.
-
Sí – le digo, sonriendo –. Es un poco negrero en
el trabajo. Pero por lo demás, bien.
De pronto Carlos se percata del venaje de mi brazo.
-
Pero ¿qué te ha pasado?
Sin ganas de dar muchas explicaciones, musito:
-
Me quemé con la plancha.
Carlos asiente y vuelve a preguntar:
-
¿Cuándo regresaste del viaje?
-
El viernes por la noche. De momento se han
cancelado las reuniones que teníamos porque el señor Alfonso tuvo que regresar
a Alemania.
Carlos mueve su cabeza afirmativamente. Me agarra del brazo y dice:
-
Vamos. Te invito a desayunar y me cuentas qué te
pasa.
En el desayuno, para justificar mis ojeras, hablo de Curro. El simple hecho de nombrarlo me
llena los ojos de lágrimas y es un buen pretexto para que no se percate de lo
que realmente me pasa. Veinte minutos después, una vez acabados los desayunos,
regresamos a nuestros puestos de trabajo. Hay mucho que hacer.
Mi jefa me saluda a medida que pasa por mi lado y me pide que entre en
su despacho. Desea que le informe de qué tal ha ido todo y lo que le explico
parece agradarle. Tras eso, me carga de trabajo. Su manera de decirme lo
enojada que está por que el jefazo me llevara a mí y no a ella es ésa:
¡agobiándome con el trabajo! Cuando salgo de la oficina por la tarde estoy
agotada, pero decido ir al gimnasio. Necesito desfogarme y allí lo consigo.
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